miércoles, 14 de septiembre de 2016

No puedo

aunque tarde,
comprendes que
nada es para siempre.

que todo es una ilusión,
que todo era cuestión
de horas,
días, meses,
tal vez años;
que esto se difuminara y
terminara en el hartazgo.

lo siento si te sabe a poco;
no puedo hacer más
de lo que ya hago
entre estas murallas.

las fronteras siempre
te terminan quemando.

lo siento si te sabe a poco;
no era mi inteción.
mis lágrimas no van a sanar
algo ya tan contaminado.

no puedo tirar yo sola de este carro.
no puedo remar yo sola a contracorriente.
no puedo...
no puedo dejar de sentirme inútil
no puedo dejar de sentir cómo la impotencia
mana de mis entrañas y me consume.

no puedo hacer otra cosa que quererte
y tú, sí, tú, sólo me pagas con unos desprecios
que sólo se compensan con la muerte.

martes, 19 de abril de 2016

congelados

Hablo, con voz indecisa,
poniendo trabas incluso para
darte los buenos días cada
mañana, cuando ni siquiera dio
comienzo la madrugada.

Será que tal vez me cueste
asimilar que el reloj corre
sí, pero sin ti. 

Corre raudo, corre fiero,
es, sobre todas las cosas,
lo que más me da miedo.

Ese descaro con el que
pasan los días, esa fluidez
del paso del tiempo.

¿Qué hemos hecho nosotros,
simples mortales, para ser tan
solo parte del juego?

Qué más quisiera yo volver a
seguir tus pasos sobre las olas,
mi pequeño de ojos tiernos,
sin temer dar la vuelta al reloj
y morir sepultada en arena.

Qué más quisiera yo volver a
recorrer esa tierra junto a ti,
tus orígenes, tu porvenir,
esa tierra que te vio niño;
esa tierra que te ve hombre.

Qué más quisiera yo... quedarme
contigo sin tener que dar explicaciones
al tiempo siquiera. Qué más quisiera yo
acurrucarme entre tus brazos, como ya
he pecado de vicio, y sentir cómo el tiempo
se para, cómo arde la sangre, y cómo
siento que por una vez el tiempo
hace justicia.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

noventa y nueve.

suspiros, 

impulsan un avión de papel 
que lanzo a contracorriente
desde la 405, y se queda atrapado
entre las hojas del dulce otoño,
que destila vida y muerte. 

joder; 

fuimos tanto entre esas cuatro
paredes, confidentes de esa 
euforia atrapada sobre la dulce
línea de un recuerdo que se 
consume en la memoria

y no se apaga. 

brilla, destila vida. 
siente el bombeo constante,
ascendente, recordando ese 
momento: ¿es suyo, señorita?
esa boina de francesita olvidada,

en la terminal. 

nuestra alma también se quedó allí. 
congelada en el recuerdo del encuentro,
devorándonos con ansia, famélicos, 
par de ilusos en un paraíso envuelto
por una brisa de octubre. 

hasta vimos mariposas

revoloteando por el centro;
debió escapárseme de las entrañas. 
vaya par de ilusos, vaya par de 
sátrapas sedientos, atrapados por 
las artes de unos versos. 

joder. 
cómo te echo de menos. 


viernes, 2 de octubre de 2015

Poesía porque sí. Parte V.

empáñame la espalda con tu aliento
y desliza tus dedos, tus labios, tu barba
descuidada de más de una semana, escribe
un mensaje en el viento: vive y jadea y ama;

te dejo cinco minutitos más para que
te recrees en el calor que mi cuerpo deja
sobre esas sábanas níveas, territorio escapista,
destinado a dejar volar la imaginación con tan
solo mirar fijamente esas negras pupilas

ríete en mi risa, que tus labios sientan las
caricias, suaves, como el tacto de una pluma;
tengo tu risa grabada en un LP, por si se me
olvida entre la calma y la tormenta, no despierte
de este sueño sin que tú estés presente.

quiero desayunar leche acompañada con tus lunares,
esparcidos por tu espalda; voy a hacerme una
mariposa en  la nuca, para que vuele impulsada
por el sonido de tu risa; sé que a veces tanto agua,
te ahoga, pero a su vez, te hace libre.

quiero mirarte a los ojos y saber que vas a estar hoy,
mañana, —y quién sabe si pasado—, pero yo confío
en que , despertándome tanto como con tu cabeza
bajo las sábanas, o con una dulce caricia y una sonrisa
a eso de las siete de la mañana.

qué más da.
confío en ti.

y en el olor del café que me despierta esta mañana,
despertándome.

comienza la
cuenta atrás.



sábado, 22 de agosto de 2015

Scherbatsky

Me acordé de ti porque comenzó a llover.

A dos horas del prime time de las almas
atormentadas; a siete horas y poco más para
el amanecer; a 11 días de estar un año más
cerca de las canas; a 14 días de gozar de un
pellizco más de libertad, a un mes y un día
de mi ansiado otoño, a un mes y dos semanas
para sentir cómo el tiempo nos atrapa, y decir,
joder, ¿ya en segundo de carrera?, ...

y cómo pasa el tiempo.

Y cómo negarle algo a la impulsividad
si lo que está en juego son sus labios,
con sus sonrisas tontas acompañadas
de las mías; suspiros entre los besos
furtivos, noches de hotel, caminar sin
descanso de ciudad en ciudad, ver
amanecer sin siquiera pegar ojo la noche
anterior, susurrar... gemir... temblar...

Huele a lluvia y huele a ti.

Huele a mar. Huele a las caladas que nos
pasamos, intentando salvar nuestras almas;
y dijiste que te cruzaste con la mía una tarde
revoloteando por el camino. Ven aquí, y
quítame las mariposas del pelo a mordiscos,
porque, joder, te queda hasta bonito decir
entre susurros «follar como bestias»; con esa
voz se derritiría el Ártico en un suspiro.

Y no soy ninguna tormenta eléctrica.

Ojalá lo fuera, pero no. No eres Turner,
pero no creo que tampoco se te resistan
las Telecasters, y si de mí dependiera
te conseguiría unas cuantas; pero antes
déjame esconderme tras ellas, con unos
rizos indómitos, entre los que te gusta
jugar con tus dedos como si fuera un
Helter Skelter con entrada gratuita.

Vísteme tan sólo con jadeos y suspiros.

Tírate al abismo y hunde tu lengua en él,
hazme gritar con piernas trémulas mientras
el canon suena y tú solo escuchas mi voz
desgarrándose entre el aire que soy capaz
de expirar; hazme arrugar las sábanas como
si fuera papel vegetal, que mis venas sientan
lo que es ser humana, lo que es ser terrenal.
Déjame sin un suspiro que llevarme a la boca.

Tú tan despierto, yo tan dormida.

No quiero pensar en si existirá otro final;
no quiero pensar en que todo tiene fecha
de caducidad. Sin ir más lejos, el otoño no
ha comenzado y ya tiene escrito su caduco
porvenir. Fíjate, no daba ni dos míseros
peniques por ti y voy a ser yo la que te
lleve dos peniques de vuelta. Cóbrame los
intereses, ¿quieres?

Quién me mandará jugar a ser Robin Scherbatsky.